Ahí aparece el punto estratégico clave: al incorporar al oso polar, la campaña inevitablemente remite al universo narrativo que Coca-Cola ha construido durante décadas. Cuando una marca recurre a símbolos ajenos, también activa la memoria del público sobre quién los posicionó primero.
Pepsi puede generar simpatía gracias a la sorpresa o al giro creativo, pero el capital emocional acumulado sigue perteneciendo a quien consolidó ese personaje como parte de la cultura popular. No se trata solo de un anuncio, sino de la consistencia narrativa y visual construida durante años.
La lección va más allá del comercial: en branding no basta con provocar, sino con lograr que los símbolos se integren en la vida cotidiana de las personas.
Retomando la pregunta inicial, desafiar a un competidor no siempre significa quitarle terreno. En ocasiones, solo reafirma quién mantiene el liderazgo en la categoría.