Del perfil profesional a una posición

Esta es una lectura para la clase Gestión de Diseño Gráfico de LDCG (UDG-CUAAD)


1. UNA MARCA PERSONAL NO ES UNA AUTODESCRIPCIÓN

Cuando una persona comienza a construir su marca personal suele concentrarse en enumerar estudios, habilidades, experiencias y cualidades. Esa información es importante, pero por sí sola no produce posicionamiento. Una lista de capacidades explica quién es alguien, pero no necesariamente demuestra por qué debería resultar relevante para otras personas.

El posicionamiento aparece cuando el perfil profesional se relaciona con una necesidad concreta. En lugar de preguntar únicamente “¿qué sé hacer?”, conviene añadir “¿para quién puede ser valioso?” y “¿qué situación puedo ayudar a transformar?”. Este cambio desplaza el centro de la comunicación desde el profesional hacia el público al que desea servir.

En la gestión del diseño gráfico, esta definición cumple una función práctica. Permite seleccionar proyectos para el portafolio, reconocer áreas de especialización, establecer criterios para aceptar encargos y comunicar con mayor claridad el valor del trabajo. Por ello, la marca personal no debe entenderse solamente como una actividad promocional, sino como una herramienta para orientar decisiones profesionales.


2. LA NECESIDAD PERTENECE AL PÚBLICO

En una ficha de posicionamiento, la necesidad no representa aquello que el profesional desea alcanzar, como conseguir clientes, encontrar empleo o adquirir reconocimiento. Describe una preocupación, un problema o una aspiración del público objetivo.

Puede tratarse de algo que las personas no saben resolver, no pueden atender con sus recursos actuales o temen enfrentar sin acompañamiento especializado.

Por ejemplo, una organización cultural puede desarrollar proyectos valiosos y, aun así, tener dificultades para hacerlos visibles. Un emprendimiento puede ofrecer un producto competitivo, pero no explicar claramente qué lo diferencia. Un profesionista independiente puede realizar un trabajo sólido y no saber presentarlo, defenderlo o comunicarlo.

En cada caso, la oportunidad de posicionamiento nace de comprender una tensión real antes de ofrecer una respuesta.


3. DE LA NECESIDAD A LA PROPUESTA DE VALOR

Una vez reconocida la necesidad, el profesional debe establecer cómo puede responder. La solución no consiste únicamente en mencionar un servicio. “Diseño logotipos”, “doy consultoría” o “produzco contenido” describen actividades, pero todavía no explican su valor.

La propuesta adquiere sentido cuando muestra qué cambia para el público después de la intervención.

Así, el diseño de una identidad puede ayudar a una empresa a presentarse con coherencia; una consultoría puede permitirle ordenar decisiones; una estrategia de contenidos puede volver comprensible una propuesta compleja.

El servicio es lo que se realiza. El beneficio es el resultado que el público puede reconocer y valorar.


4. UNA DIRECCIÓN PARA LA GESTIÓN PROFESIONAL

La ficha de posicionamiento no pretende encerrar al diseñador dentro de una sola especialidad durante toda su trayectoria. Su función es ofrecer una dirección provisional desde la cual pueda tomar decisiones.

Un posicionamiento claro ayuda a seleccionar los proyectos que conviene incorporar al portafolio, reconocer qué experiencias deben fortalecerse, definir con quién se desea trabajar y construir una comunicación profesional consistente. Conforme cambien los intereses, las capacidades y el contexto, la ficha también podrá revisarse.

Gestionar una marca personal no significa construir un personaje ni convertir cada actividad en una acción promocional. Significa comprender qué valor podemos generar, demostrarlo mediante nuestro trabajo y comunicarlo de manera coherente.

Una marca personal adquiere fuerza cuando deja de ser una acumulación de atributos y se convierte en una promesa relevante, diferenciada y creíble.


 

ENTREVISTA


BRANDING


DISEÑO

José Antonio Luna Abundis